APROXIMACIONES RELIGIOSAS

LO RELIGIOSO COMO PROBLEMA FILOSÓFICO

Que el problema religioso es el más imponente de cuantos conmueven la sociedad en los tiempos presentes, no hay para qué entretenerse en demostrarlo. No sólo la prensa nos trasmite diariamente y con pasmosa solicitud, las múltiples vibraciones del pensamiento al ser herido en esta delicadísima cuerda; no sólo forma cuantitativamente esta cuestión el fondo y el objeto, directa o indirectamente expresado, de la mayor parte de las recientes publicaciones. Todavía con mayor claridad se observa su extraordinario influjo en nuestra razón ante esas crueles y sangrientas luchas, efectivas unas, próximas a trabarse otras, donde con todo el fuego de la pasión y el entusiasmo de la idea, contiende cada cual por su fe, renovando, con asombro de ciertos espíritus despojados de toda prevención religiosa, tiempos y sucesos que creían sepultados para siempre en el abismo de la historia. La ortodoxia sigue con loable, aunque exagerado ardor, sustentando la [467] verdad eterna de sus dogmas. El racionalismo, en sus más insignes representantes, preocúpase con el tema, y emancipado de prevenciones y rencores, con la lealtad y elevación que comunica al pensamiento el goce de la libertad, trata de asentar, con bases firmísimas, el porvenir de la Religión.

LO RELIGIOSO EN LA ÉPOCA ANTIGUA 
El sentido religioso en la antigüedad comienza por construir sus manifestaciones, con base en las experiencias personales, a partir del contexto y de las realidades particulares.
En este ambiente, son las experiencias mas significativas de la colectividad, o de los personajes más influyentes, las que comienzan a marcar el ritmo de vida religiosa dentro de las sociedades.
La experiencia religiosa y las religiones surgen de la relación que aquellas sociedades debían establecer en el medio, el cual se les presentaba como amenazante.
Los comportamientos humanos comenzaron a modificarse con el fin de calmar la furia de la naturaleza y se comenzó a crear la conciencia de culpa frente a las situaciones adversas.

LO RELIGIOSO COMO CONTROL NATURAL
Como las personas se relacionaban directamente con el mundo este les sugiere interrogantes ante su magnificencia y ante la impotencia humana.
Tal situación deja al ser humano en una condición de ignorancia y en una situación de misterio frente a lo desconocido.Para contrarrestar tales fuerzas superiores se centró en el descubrimiento de sus propias capacidades y en la observación de algunos hechos repetitivos que le permitían tener algo de control.
A partir de entonces, tuvo que crear una conciencia colectiva, con base en la mitologia y en los ritos religiosos, que le permitieran sobrevivir ante lo desconocido.
Como lo que se buscaba era un control de las fuerzas naturales, la antigüedad religiosa, se caracteriza, por una religiosidad de tipo cosmológico y sus practicas responden a las necesidades exteriores y a las condiciones de la naturaleza.

PRIMEROS PASOS DE SISTEMATIZACION 

Las creencias y las prácticas religiosas de la antigüedad están condensadas en algunos escritos , desde los Vedas hasta los códigos Hammurabi:
Esa forma de escrito se caracteriza por usar el relato mítico. Sin embargo, para las comunidades de la época el mito se comprendía como una realidad que se cumplía y que explicaba la condición de vida de las personas.
Otra característica del mito es que está cargado de religiosidad, pues las personas que los crean y que los difunden juegan un rol religioso en la comunidad.
Esto quiere decir que los mitos no solo instruyen sino que se convierten en preceptos de vida y determinan el tipo de creencia que se debe observar y los castigos divinos a que se exponen aquellos que incumplen tales preceptos.

CREENCIAS POLITEISTAS
Las religiones de la antigüedad concibe un dios con múltiples manifestaciones, por lo que se les ha catalogado de politeístas, esto quiere decir que estos pueblos adoptaban como dioses o como manifestación de ellos una serie de fenómenos y personajes que los ayudaban y los protegían en sus actividades diarias.
En este sentido, los antiguos tenían un dios para la agricultura, otro para la lluvia, el dios del sol, de la cosecha, el de las fiestas, el de la muerte, etc.
El contacto que cada pueblo tiene con los demás también ayudó para que el sentido religioso se fuera afianzando y para que sus creencias se fueran purificando.

SENTIDO Y FUNCIÓN DEL ASPECTO RELIGIOSO EN LA VIDA HUMANA 
La religión expresa por lo menos dos dimensiones o ejes constitutivos de la realidad y de la experiencia humana sobre la realidad. Primero, un eje antropológico, donde el hombre en su más profunda estructura humana, intuye la existencia de realidades internas a su ser, como externas a su ser, que son percibidas, sentidas y pensadas como superiores o sagradas y que por lo tanto deben ser conocidas, reconocidas, respetadas y conservadas. Eso se define como religión natural, el hombre a lo largo del tiempo ha adorado árboles, animales, montañas, fenómenos naturales visibles e invisibles. El hombre existe como un ser «en búsqueda» de un referente Absoluto, más allá de sí mismo, por el cual explicar las cosas, explicarse a sí mismo, y alcanzar el sentido de su vida cotidiana [4].
Sin «referencias» no es posible hacer nada en la vida, y ni siquiera es posible pensar... Todo el que hace algo lo hace por algún fin. Ahora bien, un referente «Absoluto» no puede ser otro más que Dios, ya que es el único a quien le cabe propiamente la idea de lo Absoluto [5].
Y si se niega la existencia de Dios (con los argumentos que sea) en realidad al negarlo se está endiosando a aquello mismo que se utiliza para negarlo; así por ejemplo, el que dice que Dios es tan sólo una «construcción» de nuestra razón, o un «deseo» de nuestra voluntad (como si «proyectáramos» en la idea de un Ser Superior las perfecciones que a nosotros nos faltan y nos angustian), lo que hace al razonar así, es poner por «Absoluto» a la Razón o a la Voluntad.

EL HOMBRE MEDIOCRE
La desigualdad humana no es un descubrimiento moderno. Hay hombres mentalmente inferiores al termino medio de su raza, de su tiempo y de su clase social; también los hay superiores. Entre unos y otros fluctúan una gran masa imposible de caracterizar por inferioridades o excelencias. Su existencia es, sin embargo, natural y necesaria. En todo lo que ofrece grados hay mediocridad; en la escala de la inteligencia humana ella representa el claroscuro entre el talento y la estulticia. Las personas tienden a confundir el sentido común con el buen sentido. El sentido común es colectivo, eminentemente retrogrado y dogmatista; el buen sentido es individual, siempre innovador y libertario. La personalidad individual comienza en el punto preciso donde cada uno se diferencia de los demás; en muchos hombres ese punto es simplemente imaginario. Por ese motivo al clasificar los caracteres humanos se ha comprendido la necesidad de separar a los que carecen de rasgos característicos: productos adventicios del medio, de las circunstancias de la educación que se les suministra, de las personas que los tutelan, de las cosas que los rodean. Muchos nacen; pocos viven. Los hombres sin personalidad son innumerables y vegetan moldeados por el medio, como cera fundida en el cuño social. Si hubiera de tenerse en cuenta la buena opinión que todos los hombres tienen de si mismos, seria imposible discurrir de los que ese caracterizan por la ausencia de personalidad. Lo habitual no es el genio ni el idiota, no es el talento ni el imbécil. El hombre que nos rodea a millares, el que prospera y se reproduce en el silencio y en la tiniebla, es el mediocre. Con diversas denominaciones y desde puntos de vista heterogéneos, se ha intentado algunas veces definir el hombre sin personalidad. En este sentido, hombre normal no seria sinónimo de hombre equilibrado, sino de hombre domesticado; la pasividad no es un equilibrio, no es complicada resultante de energías, sino su ausencia. El hombre sin personalidad no es un modelo, sino una sombra. ¿cuál es el hombre normal?, “Buen apetito, trabajador, ordenado, egoísta, aferrado a sus costumbres, misoneísta, paciente, respetuoso de toda autoridad, animal domestico”. Ningún hombre es excepcional en todas sus aptitudes; pero no podría afirmarse que son mediocres a carta cabal. No obstante las infinitas diferencias individuales, existen grupos de hombres que pueden englobarse dentro de tipos comunes; si observamos cualquier sociedad humana, el valor de sus componentes resulta siempre relativo al conjunto: el hombre es un valor social. Considerando a cada individuo con relación a su medio, tres elementos concurren a formar su personalidad: la herencia biológica, la imitación social y la variación individual.

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